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lunes, 2 de enero de 2017

Mary Shelley. «El mortal inmortal».

Casi al tiempo de cumplirse los doscientos años del verano que inspiró el relato de Frankestein, leí dos cuentos fantásticos de Mary Shelley, de soltera Mary Wollstonecraft Godwin, cuya también famosa madre hubo de morir a los diez día de su alumbramiento.
16 de julio de 1833. Éste es un animersario memorable para mí: ¡hoy cumplo trescientos veintitrés años! 
¿El Judío Errante?... Seguro que no. Más de dieciocho siglos han pasado por encima de su cabeza. En comparación con él, soy un Inmortal muy joven.




     Así empieza el primero de estos relatos, «The Mortal Inmortal», que fue publicado en 1833 en el almanaque The Keepsake.


El cuento dialoga, por una parte, con la leyenda del judío errante y, por otra, evoca la figura del alquimista Cornelius Agrippa, de quien se supone que el protagonista Winzy era su ayudante, cuando trabajaba en un preparado que supuestamente debía curar el mal de amores.
Bertha. Fuente: Romantic Circle

     El joven, herido por el desdén de su amada Bertha y celoso porque esta se deja agasajar por el joven que su rica protectora le propone como esposo, decide probar el filtro, pero la inesperada aparición de Cornelius lo sobresalta y solo acierta a beber la mitad de su contenido, antes de dejar caer la vasija.
    Finalmente Bertha y Winzy se casarán, pero este cuento no tendrá un happy end: Cuando Bertha descubra que su marido disfruta de una sempiterna juventud, será ella la que padezca de celos.
     La pareja deberá enfrentarse a las asechanzas derivadas de su diferente condición y el desconsuelo se hará insufriblemente eterno tras la muerte de Bertha y Winzy vea llegar su tricentenario y vigésimo tercer aniversario.

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