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jueves, 13 de julio de 2017

El rapto de las Sabinas y otras violencias contras las mujeres

Recientemente un amigo me recomendó que leyera este blog de El País y enseguida recordé que cuando recibía clases de cultura clásica en el Instituto un compañero me lanzó lo que él debía considerar un piropo irresistible: «A ti te raptaba yo como a las Sabinas». Lo peor es que, tan asumido tenía esas actitudes machistas, que no me horrorizó tanto la propuesta de mi condiscípulo como el escaso atractivo del enardecido «seductor».

Poussin, El rapto de las Sabinas. Fuente: Wikipedia

    El problema, como señala su autora, Concha Mayordomo, no es la presencia de este tema en el arte, sino que tales delitos puedan seguir siendo justificados como algo «natural». Amparándose quizás como recoge la misma autora, en planteamientos como el siguiente: 

Cuando el objeto erótico es una mujer, la incitación al rapto se potencia porque también, en cierto modo, puso Dios en el mundo a la mujer para ser arrebatada, no digo que deba ser así, pero ¿qué le vamos a hacer si Dios lo ha arreglado de esa manera? Ortega y Gasset, Estudios sobre el amor (Plenitud, 1957),

Así, como recuerdan estos jóvenes Colegui$$$ en esta parodia musical, ya hemos empezado los Sanfermines con un nuevo caso de acoso sexual: Power

viernes, 19 de mayo de 2017

«Fernán Caballero» en «cuadros vivos».

      El pasado 6 de abril, tuve la oportunidad de inervenir en el  XIII Congreso organizado por el Centro Internacional de Estudios sobre Romanticismo Hispánico «Ermanno Caldera», con una ponencia sobre Frasquita Larrea y su hija Cecilia Böhl de Faber, Fernán Caballero.


Para la misma utilicé varias anotaciones de algunos diarios de viaje de Frasquita Larrea y algunas cartas de Cecilia. Entre estas últimas, una de las que más me ha llamado siempre la atención es aquella en la que Cecilia Böhl de Faber trataba de explicar en una carta a su amigo José Joaquín de Mora cómo se sentía en 1849, al publicarse La Gaviota en El Heraldo y haberse dado a conocer que era ella la que se escodía tras el seudónimo Fernán Caballero:

                                                 si tiene usted curiosidad de saber el efecto que ha he- 
                                                 cho en mí el verme en pública palestra, como observa- 
                                                 ción fisiológica, le diré a usted que, lejos de ser agra- 
                                                 dable, ha sido una imponderable angustia. Sentí en mí 
                                                 un sentimiento análogo al que deberían sentir esas mu- 
                                                 jeres que en los cuadros vivos se ponen descubiertas 
                                                 ante el público. Sentí como una especie de profanación 
                                                 de mis pensamientos íntimos, que no quisiera partir 
                                                 sino con mis amigos. ¡Una tontería, es verdad! 
                                                 Pero el  sentir no es siempre discreto. 

     No era la primera vez. En 1835, cuando su madre envió a la revista El Artista su relato Una madre o la batalla de Trafalgar, sintió no solo que Frasquita lo hubiera hecho sin su conocimiento, sino que se había publicado con una nota en la que se indicaba que tras la cifra C. B. se ocultaba una identidad femenina. Por ese motivo, remitió una carta a los editores, en la que se quejaba de semejante atropello.
     Como han señalado varios estudiosos, desde Montesinos que la llamó «el gran calamar andaluz» a Mercedes Comellas (Obras escogidas de Fernán Caballero, 2010), Cecilia estaba obsesionada con esconder su identidad, tal vez porque como escribió a Eugenio de Hartzenbusch en carta del 7 de enero de 1853 «la pública expectación [...] es para mí la pública vergüenza». Es decir, es como si se exhibera desnuda. Por eso mismo resulta interesante la alusión a los «cuadros vivos», pues aunque es una práctica artística relacionada con los belenes vivientes y que se conoce en España en su forma moderna desde la segunda década del siglo —Carmen Pinedo encuentra una mención a una representación valenciana en 1819—, es cierto que volvieron a cobrar nuevo interés por las fechas en que Fernán Caballero publica La Gaviota, en 1849, y que dieron bastante que hablar, como puede comprobarse al leer la prensa de aquellos años.
     Volveré sobre este asunto en una nueva entrada.

sábado, 18 de marzo de 2017

«Mala sangre», de Carmen Moreno

En su regreso al territorio narrativo, Carmen Moreno ha elegido cultivar la «novela del oeste», como señaló Oscar Lobato, en su presentación en Las libreras.

El acto discurrió con enorme amenidad gracias por una parte al formato elegido, la entrevista, y por otro, a la sagacidad del «maestro de ceremonias» que, como buen lector de la obra de Carmen Moreno y experimentado periodista y escritor, supo sonsacar a la autora las claves de su nueva novela y logró el objetivo de incitar al público a leer Mala sangre. Las lecturas, las claves autobiográficas, los guiños cinematográficos, fueron algunas de las referencias con las que entrevistador y entrevistada sedujeron a un público que se dejó atrapar en un ambiente familiar, propiciado por el espacio que «Las libreras» destinaron a la presentación.
Mala sangre, publicada por la editorial «Apache Libros», espera tu lectura.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Fuente de la imagen.

Este 8 de marzo juntas y fuertes #NosotrasParamos. Nos sumamos al Paro Internacional de Mujeres (PIM) que se esta organizando en más de 40 países. 
Queremos parar en las casas, las calles, las escuelas, universidades, fabricas, tiendas, empresas, es decir, queremos parar en todos aquellos lugares donde nos encontremos para visibilizar que sin nosotras no se mueve el mundo. Parar y alzar la voz contra las violencias que de manera cotidiana se producen contra nosotras, parar para ver que somos muchas y juntas somos fuertes. 
Para ello llamamos a participar: 
Paro durante todo el día.
Si no puedes parar todo el día hazlo de 12:00 a 12:30 horas y peta las redes con fotos y mensajes. 
Lleva alguna prenda negra si no puedes parar.

lunes, 2 de enero de 2017

Mary Shelley. «El mortal inmortal».

Casi al tiempo de cumplirse los doscientos años del verano que inspiró el relato de Frankestein, leí dos cuentos fantásticos de Mary Shelley, de soltera Mary Wollstonecraft Godwin, cuya también famosa madre hubo de morir a los diez día de su alumbramiento.
16 de julio de 1833. Éste es un animersario memorable para mí: ¡hoy cumplo trescientos veintitrés años! 
¿El Judío Errante?... Seguro que no. Más de dieciocho siglos han pasado por encima de su cabeza. En comparación con él, soy un Inmortal muy joven.




     Así empieza el primero de estos relatos, «The Mortal Inmortal», que fue publicado en 1833 en el almanaque The Keepsake.


El cuento dialoga, por una parte, con la leyenda del judío errante y, por otra, evoca la figura del alquimista Cornelius Agrippa, de quien se supone que el protagonista Winzy era su ayudante, cuando trabajaba en un preparado que supuestamente debía curar el mal de amores.
Bertha. Fuente: Romantic Circle


     El joven, herido por el desdén de su amada Bertha y celoso porque esta se deja agasajar por el joven que su rica protectora le propone como esposo, decide probar el filtro, pero la inesperada aparición de Cornelius lo sobresalta y solo acierta a beber la mitad de su contenido, antes de dejar caer la vasija.
    Finalmente Bertha y Winzy se casarán, pero este cuento no tendrá un happy end: Cuando Bertha descubra que su marido disfruta de una sempiterna juventud, será ella la que padezca de celos.
     La pareja deberá enfrentarse a las asechanzas derivadas de su diferente condición y el desconsuelo se hará insufrimente eterno tras la muerte de Bertha y Winzy vea llegar su tricentenario y vigésimo tercer aniversario.

martes, 13 de diciembre de 2016

La vacuna contra la viruela de Balmis

     El siglo ilustrado alabó cuando pudo el progreso científico y literario, aunque en este último campo, también hubiera sus banderías como ahora.
     A propósito del descubrimiento de la vacuna contra la viruela, Manuel José Quintana escribió en 1806 la siguiente oda, donde los americanos reclaman la vacuna descubierta por Jenner, como compensación a todas las miserias que llevaron allí los conquistadores españoles:

¡Virgen del mundo, América inocente!
Tú, que el preciado seno
al cielo ostentas de abundancia lleno,
y de apacible juventud la frente;
tú, que a fuer de más tierna y más hermosa
entre las zonas de la madre tierra,
debiste ser del hado,
ya contra ti tan inclemente y fiero,
delicia dulce y el amor primero,
óyeme: si hubo vez en que mis ojos,
los fastos de tu historia recorriendo,
no se hinchesen de lágrimas; si pudo
mi corazón sin compasión, sin ira
tus lástimas oír, ¡ah!, que negado
eternamente a la virtud me vea,
y bárbaro y malvado,
cual los que así te destrozaron, sea.

Con sangre están escritos
en el eterno libro de la vida
esos dolientes gritos
que tu labio afligido al cielo envía.
Claman allí contra la patria mía,
y vedan estampar gloria y ventura
en el campo fatal donde hay delitos.
¿No cesarán jamás? ¿No son bastantes
tres siglos infelices
de amarga expiación? Ya en estos días
no somos, no, los que a la faz del mundo
las alas de la audacia se vistieron
y por el ponto Atlántico volaron;
aquéllos que al silencio en que yacías,
sangrienta, encadenada, te arrancaron.

«Los mismos ya no sois; pero ¿mi llanto
por eso ha de cesar? Yo olvidaría
el rigor de mis duros vencedores:
su atroz codicia, su inclemente saña
crimen fueron del tiempo, y no de España.
Mas ¿cuándo ¡ay Dios! los dolorosos males
podré olvidar que aun mísera me ahogan?
Y entre ellos... ¡Ah!, venid a contemplarme,
si el horror no os lo veda, emponzoñada
con la peste fatal que a desolarme
de sus funestas naves fue lanzada.
Como en árida mies hierro enemigo,
como sierpe que infesta y que devora,
tal su ala abrasadora
desde aquel tiempo se ensañó conmigo.
Miradla abravecerse, y cuál sepulta
allá en la estancia oculta
de la muerte mis hijos, mis amores.
Tened, ¡ay!, compasión de mi agonía,
los que os llamáis de América señores;
ved que no basta a su furor insano
una generación; ciento se traga;
y yo, expirante, yerma, a tanta plaga
demando auxilio, y le demando en vano».

Con tales quejas el Olimpo hería,
cuando en los campos de Albión natura
de la viruela hidrópica al estrago
el venturoso antídoto oponía.
La esposa dócil del celoso toro
de este precioso don fue enriquecida,
y en las copiosas fuentes le guardaba
donde su leche cándida a raudales
dispensa a tantos alimento y vida.
Jenner lo revelaba a los mortales;
las madres desde entonces
sus hijos a su seno
sin susto de perderlos estrecharon,
y desde entonces la doncella hermosa
no tembló que estragase este veneno
su tez de nieve y su color de rosa.
A tan inmenso don agradecida
la Europa toda en ecos de alabanza
con el nombre de Jenner se recrea;
y ya en su exaltación eleva altares
donde, a par de sus genios tutelares,
siglos y siglos adorar le vea.


En los versos que siguen, Quintana recuerda la gesta heroica del alicantino Francisco Javier Balmis Berenguer (Alicante, 1753-Madrid, 1819), que llevó la vacuna a ultramar, tanto a los puertos de América como de Asia.
De tanta gloria a la radiante lumbre,
en noble emulación llenando el pecho,
alzó la frente un español: «No sea»,
clamó, «que su magnánima costumbre
en tan grande ocasión mi patria olvide.
El don de la invención es de Fortuna,
gócele allá un inglés; España ostente
su corazón espléndido y sublime,
y dé a su majestad mayor decoro,
llevando este tesoro
donde con más violencia el mal oprime.
Yo volaré; que un Numen me lo manda,
yo volaré: del férvido Oceano
arrostraré la furia embravecida,
y en medio de la América infestada
sabré plantar el árbol de la vida».

Dijo; y apenas de su labio ardiente
estos ecos benéficos salieron,
cuando, tendiendo al aire el blando lino,
ya en el puerto la nave se agitaba
por dar principio a tan feliz camino.
Lánzase el argonauta a su destino.
Ondas del mar, en plácida bonanza
llevad ese depósito sagrado
por vuestro campo líquido y sereno;
de mil generaciones la esperanza
va allí, no la aneguéis, guardad el trueno,
guardad el rayo y la fatal tormenta
al tiempo en que, dejando
aquellas playas fértiles, remotas,
de vicios y oro y maldición preñadas,
vengan triunfando las soberbias flotas.

A Balmis respetad. ¡Oh heroico pecho,
que en tan bello afanar tu aliento empleas!
Ve impávido a tu fin. La horrenda saña
de un ponto siempre ronco y borrascoso,
del vértigo espantoso
la devorante boca,
la negra faz de cavernosa roca
donde el viento quebranta los bajeles,
de los rudos peligros que te aguardan
los más grandes no son ni más crueles.
Espéralos del hombre: el hombre impío,
encallado en error, ciego, envidioso,
será quien sople el huracán violento
que combata bramando el noble intento.
Mas sigue, insiste en él firme y seguro;
y cuando llegue de la lucha el día,
ten fijo en la memoria
que nadie sin tesón y ardua porfía
pudo arrancar las palmas de la gloria.

Llegas en fin. La América saluda
a su gran bienhechor, y al punto siente
purificar sus venas
el destinado bálsamo: tú entonces
de ardor más generoso el pecho llenas;
y obedeciendo al Numen que te guía,
mandas volver la resonante prora
a los reinos del Ganges y a la Aurora.
El mar del Mediodía
te vio asombrado sus inmensos senos
incansable surcar; Luzón te admira,
siempre sembrando el bien en tu camino,
y al acercarte al industrioso chino,
es fama que en su tumba respetada
por verte alzó la venerable frente
Confucio, y que exclamaba en su sorpresa:
«¡Digna de mi virtud era esta empresa».

¡Digna, hombre grande, era de ti! ¡Bien digna
de aquella luz altísima y divina,
que en días más felices
la razón, la virtud aquí encendieron!
Luz que se extingue ya: Balmis, no tornes;
no crece ya en Europa
el sagrado laurel con que te adornes.
Quédate allá, donde sagrado asilo
tendrán la paz, la independencia hermosa;
quédate allá, donde por fin recibas
el premio augusto de tu acción gloriosa.
Un pueblo, por ti inmenso, en dulces himnos,
con fervoroso celo
levantará tu nombre al alto cielo;
y aunque en los sordos senos
tú ya durmiendo de la tumba fría
no los oirás, escúchalos al menos
en los acentos de la musa mía.

     El venezolano Andrés Bello (Caracas, 1781 - Santiago de Chile, 1865), también le había dedicado en 1804 una Oda "A la vacuna. Poema en acción de gracias al rey de las Españas por la propagación de la vacuna en sus dominios, dedicado al señor Don Manuel de Guevara Vasconcelos, presidente gobernador y capitán general de las provincias de Venezuela", que finaliza con el agradecimiento a Balmis:

Y a ti, Balmis, a ti que, abandonando
 el clima patrio, vienes como genio
 tutelar, de salud, sobre tus pasos,
 una vital semilla difundiendo,
 ¿qué recompensa más preciosa y dulce
 podemos darte? ¿Qué más digno premio
 a tus nobles tareas que la tierna
 aclamación de agradecidos pueblos
 que a ti se precipitan? ¡Oh, cuál suena
 en sus bocas tu nombre!... ¡Quiera el Cielo,
 de cuyas gracias eres a los hombres
 dispensador, cumplir tan justos ruegos;
 tus años igualar a tantas vidas,
 como a la Parca roban tus desvelos;
 y sobre ti sus bienes derramando
 Con largueza, colmar nuestros deseos!

lunes, 21 de noviembre de 2016

Musas errantes

Acabamos nuestro proyecto sobre el exilio literario español con un congreso, en el que vamos a tener la oportunidad de establecer un diálogo entre los exilios del siglo XIX y el del siglo XX.
Las sesiones empiezan mañana a las 09.30 con una sesión sobre los afrancesados, en la que intervendrá en primer lugar el profesor Gérard Dufour, seguido de López Tabar y José Alfredo Sánchez. Siguen después una sesión "Entre España y Francia" y otra sobre "Trayectorias". Por la tarde a las 17:00 comienza la sesión "Entre España e Inglaterra". El miércoles por la mañana a las 09.30 "Representaciones de y desde el exilio", a la que seguirán a partir de las 11.30 las "Miradas sobre Francisco de Goya" y a las 12:30 "Negocios y letras". Por la tarde habrá dos sesiones dedicadas a "Reescrituras" y "Arte y artistas". A las 21.00 hs. se presentarán los libros Sin fe, sin patria, y hasta sin lengua, dedicado a la figura de José Marchena y A sangre y fuego. La escritura política de María Manuela López de Ulloa
     El jueves las sesiones se dedicarán a "Relecturas republicanas" del exilio decimonónico, "Exilio, Exilios" y "El exilio republicano recupera el exilio liberal".
El programa detallado puede verse a continuación: